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domingo, 6 de julio de 2025

No es lo que esperas

Y no necesariamente tiene que ser malo. Muchos de los que empezamos la saga con 28 días después (2002) y nos animó a seguir disfrutando de películas o series de temática zombi o infectados teníamos pendiente la continuación de su trama con una tercera película tras casi dos décadas de espera desde la última, 28 semanas después (2007). Lo cierto es que a pesar de que en todo este tiempo se ha experimentado un boom —para lo bueno y para lo malo— uno nunca pierde la esperanza de seguir viendo cómo van pasando historias con más o menos brillo, distintos enfoques sobre un mismo mundo en el que ya existen matices. Los tipos que arrastran los pies o van volando —a gusto del director— están motivados por otras razones más allá de la muerte. De estar muertos, quiero decir. Puede haber un virus en el aire, en la sangre o en la saliva, el caso es poner mirada perdida, babear y lanzarse a lo primero que se mueva. Con esto tenemos los cimientos.

La clásica película de zombis hace tiempo que se ha ido despidiendo de su público. Olvidémonos de La noche de los muertos vivientes (1968) como origen y topémonos con el humor de las Zombielands (2009 y 2019), los superextraordinarios de Guerra Mundial Z (2013) o la claustrofóbica REC (2007). Yo me enganché desde Resident Evil (2002) como epicentro de mi afición y por este camino me he encontrado con obras tan diferentes como Zombies Party (2004) o Braindead (1992), sin hacer mención a las series que se han cultivado en todo este tiempo, con indiscutible mención para The Walking Dead (2010) y The last of us (2023). Es un género tan variopinto y prostituido que la vuelta a unos orígenes tan tradicionales —aunque rápidos— como 28 años después llamaba a un añejo mordisco al pasado.

Pero insisto, no es lo que esperas. E insisto, no tiene por qué ser malo. Si decides continuar a partir de esta línea lo haces bajo tu responsabilidad, pues es probable que halles detalles de la trama que quizás quieras ahorrarte (o no). Si uno desea ir con la mente inmaculada, como así lo hice yo esta semana, en la que me asomé por el cine, deja de leer. Segundo y último aviso. Y ahora haré un punto aparte para marcarlo por tercera vez.

No es una película clásica de zombis aunque a veces lo crea o, como intuyo que ha ocurrido en este metraje, como los directores (Danny Boyle y escrita por Alex Grland) quieren hacer que creas. Estoy seguro que la lisérgica movida que han montado estos dos se debe exclusivamente a su entretenimiento y disfrute y, a pesar de que muchas de las críticas que he leído también piensan que se ríen del espectador, a mí no me parece tal intención. Es más, entiendo que le han dado a sus seguidores las herramientas para imaginar —y ver— un nuevo universo de los muertos vivientes (o infectados, coño). Es otra dimensión cuyo único punto de conexión con las anteriores películas es el escenario de acción (Reino Unido) y el motivo del virus (una especie de rabia). A partir de ahí, lo mejor es dejarse llevar por las molestias acústicas y visuales que aderezan las casi dos horas de iniciación a la distinta gama "comecarnes" existente. Incluso con un toque tarantiano que invita a los espectadores a dejar el culo torcido en varios puntos y especialmente en su final.

Es posible que las expectativas en la búsqueda de un camino tradicional marcado como el de las dos primeras entregas haya decepcionado a gran parte del público, quizá algo confuso e incluso intransigente. A veces nos cerramos de manera taxativa a cualquier innovación que se adentre en nuestro círculo. En ocasiones, justificadamente; en otras, no tanto. Recuerdo cintas que han perpetrado esta temática con mucha más sal en la herida. Sólo hay que echarle un ojo a la defecación a medias de Los muertos no mueren (2019), un verdadero insulto a conciencia. No obstante, lo que Boyle y Garland han propuesto es un juego arriesgado para poner a prueba la capacidad de sus seguidores. Como todos los cambios, interpretables de múltiples formas y expuestos a reacciones contrarias, también inentendibles por aquellos que sólo desean ver intestinos engullidos, por aburrido que sea. Yo digo que hay hueco para todo(s). Aunque no te lo esperes.

Mi Twitter: @Ninozurich
*Fotografía tomada de 20 Minutos.

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