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domingo, 30 de noviembre de 2025

ChatGLPLLS

Cada vez que alguien va a consultar a la IA una pequeña venita de mi cerebro estalla. Estamos volviéndonos gilipollas, cada minuto que pasa estoy más convencido de que la nueva era de la conectividad mundial e Internet está yendo hacia un cajón cerrado más que a una constante expansión para el buen uso de las herramientas. Por supuesto, hay quienes la utilizan para el beneficio colectivo hacia fines más loables, que no son la mayoría, cuyo único objetivos es saciar una duda. Eh, @grok.


Las apariciones de aplicaciones que nos permiten crear una dimensión distinta a la nuestra se están involucrando de tal manera en la propia que la confundimos. "¿Esto es real, @grok?", leo por todas partes. Sin nombrar a los que por falta de conocimiento o simple pereza mandan a argumentar a una maquina de recopilación de datos que unas veces falla y otras te dice lo que le da la gana, según se levante el cortocircuito de turno. No entiendo esta falta de criterio de la sociedad actual, incapaz de sacarse una carrera universitaria o un simple trabajo de instituto por sí sola. Acudir a ChatGPT parece una propia asignatura en sí misma que ni aun estando fiscalizada por los propios centros educativos consiguen amedrentar a los estudiantes. Es la Ley del Lejano Oeste. Y lo peor de todo esto es que, sin darse cuenta, supone la degradación paulatina de lo que hace diferente al ser humano del resto de animales: el raciocinio.

¿Qué somos, pues? En alguna que otra conversación durante un BlaBlaCar ha salido a colación la idea de que las apps nos sumergen en el más absoluto conformismo. Va a llegar el momento en que un dron nos traiga la compra a la puerta de casa, si es que en algún país remoto e insolidario no se hace ya. Nos importa un bledo la climatología que exista en el exterior, si truena o nieva, porque nadie nos va a despojar del antojo de comernos unos churros con chocolate después del Gran Premio de Fórmula 1 de Australia. Lo digo porque a mí me ha pasado y el "sí" era unánime en toda la sala, hasta arriba de mantas. Estoy seguro de que muchas otras situaciones random suceden en ciudades donde todo está al alcance de la mano. Ese es el precio de la comodidad: volvernos estúpidos.

Hay muchos que están dispuestos a pagarlo cuando incluso la creatividad y la originalidad están puestas en entredicho: "¿Eso está hecho por IA, no?". ¿Perdón? Todo lo sorprendente y bello que una vez el ser humano era capaz de crear estará eternamente en el lugar de la duda porque se creerá por decreto que sólo una máquina pudo idearlo. Cuando se suceden este tipo de situaciones, la irrupción de un hecho tecnológico que impregna la vida diaria, siempre me acuerdo de la serie Black Mirror. En un principio nos alarmábamos de que esa concatenación de desdichas se apilaran una tras otra, algo que sólo podría suceder en una ficción. Pues no, cada vez la realidad va ganando terreno a lo estrambótico de los episodios, incluso alguno verse superado, por la insaciable necesitad de las personas a crear herramientas para fomentar clicks masivos. Es un negocio sin fin. ¿Hasta cuándo? Preguntemos a...

Mi Twitter: @Ninozurich
*Fotograma de IA tomada de TikTok.

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