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domingo, 23 de noviembre de 2025

Brillo en sus páginas y sombras fuera de ellas

Cuando vi la portada de "Javier Lozano: Pasión y profesionalización", escrito por Teodosio Díaz Collado, pensé que de ahí podría salir cualquier cosa. Más allá de fobias, experiencias y habladurías, un servidor se ve en la obligación de documentarse y reunir todo libro que haga referencia al fútbol sala. Excluyo, eso sí, los que hagan hincapié en aspectos técnicos y tácticos, de las que ni soy un erudito ni lo pretendo. Lo mío es recabar información para analizar y, si se solapa con mis propias vivencias, como es el caso, comparar hasta qué punto se acerca a mi realidad. Lo que está fuera de toda duda es que la trayectoria de Lozano en este deporte es manifiesta, admirable en muchos aspectos, pero es natural que en un libro dedicado a su persona el foco alumbre al brillo y esplendor de su papel que a las sombras, que están más bien guardadas en un cajón fuera de dichas páginas.

Aun así, me sirvió para descubrir algunas anécdotas de las que no tenía constancia y que enriquecen la bibliografía del fútbol sala. Estamos hablando de su etapa como seleccionador nacional, principalmente, en las que las largas concentraciones y los pañales del deporte ofrecen un sinfín de peripecias como disputar un torneo a vida o muerte en la playa de Copacabana sin techo con más de 40 grados o dejarse perder ante la Italia de Nuccorini en un Europeo para evitar a Rusia en semifinales. Todo forma parte de un imaginario colectivo para conformar lo que siempre ha sido España: un equipo a tener en cuenta.

Lo cierto es que me esperaba más preponderancia de su figura en cada uno de los episodios de la obra, que a veces se vuelve un pelín desordenada y repetitiva, pero que concede al técnico la responsabilidad más jugosa de todas: el mérito después del éxito conseguido. Normalmente esta apostilla sucede al final para magnificar el criterio utilizado y colocar la responsabilidad del trofeo en una decisión posterior. Ahí es cuando los entrecomillados de Lozano cobran fuerza y se expone que cada orden, siempre reflexionada y difícil. le permite traspasar los valores deportivos hasta tocar la filosofía. En definitiva, son resoluciones que no todos los humanos podríamos alcanzar. Al menos eso es lo que me parece a mí. Otra cosa es que sean veraces.

Está latente la idea de que Javier Lozano siempre fue un hombre a contracorriente, capaz de exponer dictámenes que se enfrentaban frontalmente con la opinión pública, como dejar fuera de alguna lista definitiva a Lorente o a Daniel Ibañes, para proteger al grupo. Lo cierto —y esto es algo incuestionable— es que casi siempre le salió bien: acabaron ganando el susodicho campeonato. Aquí, en efecto, hay poco que rebatir, y en esas, con la superioridad moral que le caracteriza, aprovecha para reforzar tales secuencias de riesgo para sacar pecho. Casi todos lo haríamos, imaginaos él. Lo idóneo hubiera sido contar con las versiones de los implicados para evitar caer en una visión parcial de las historias, pero las biografías son así. Nadie habla mal del muerto en los funerales.

En resumen. el grueso del libro se centra en su faceta como entrenador (15 años), con una introducción del Javier Lozano deportista (en fútbol y fútbol sala), para enfatizar en su carácter inconformista y líder, y unas últimas páginas sorprendentemente breves para resumir su presidencia en la LNFS (16 años) con una fuerte tendencia a recalcar la salvación del fútbol sala de la quiebra técnica (más de tres millones de euros de deuda) y el reparto del dinero de los derechos televisivos en cada temporada. Lo cual es un mantra que lleva repitiendo en cada entrevista concedida con independencia de cuál sea la pregunta inicial. No hay mención alguna en las líneas a muchos de los casos de clubes desaparecidos que hubo bajo su mandato, adónde fue la supuesta millonada de los contratos de las Copas Intercontinentales o la condonación del entonces Fisiomedia Manacor, entre otros muchos pufos. Era lo esperado, por otra parte. Todo en orden.

Mi Twitter: @Ninozurich
*Fotografía propia.

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