Páginas

domingo, 17 de mayo de 2026

Los ojos fríos

Muchas veces me pregunto, especialmente cuando estoy leyendo, si estaré hecho para eso de devorar libros a diestro y siniestro. Tardo unas décimas de segundo en darme cuenta de que no, aunque cuando me empeño en abrir uno de esos ejemplares existen ocasiones en las que me pierdo, como si directamente no estuviera preparado para asimilar tantos conceptos de manera súbita. Tendré razón. Será que mi cerebro está acostumbrado a otros menesteres más banales, como series o películas. Será que los productos de la televisión y el deporte masivo han convertido mi cabecita en una buena pasa al sol durante demasiado tiempo.

O que el escritor en cuestión no es que sea demasiado bueno. Me ha pasado algo parecido con "Los pies fríos", de Beatriz García Guirado. Me lo regaló Laura por nuestro tradicional día del libro, confiando en que una pizca de contenido esotérico podría funcionar con mi estilo —que así es— y lo comencé con ilusión. Sin embargo, no creo que haya conectado en su totalidad con la obra, si acaso en algunos puntos donde inevitablemente el clímax de la trama daba un golpe para enganchar al lector. Es probable que sea mi culpa, por no estar habituado a estos vaivenes, o de la propia autora. Me inclino a pensar lo primero.

Podría soltar alguna crítica sobre sus páginas, aunque no estaría del todo seguro de acertar en lo que digo. Mis sensaciones son más conjeturas que opiniones, por lo que lo más prudente sería hacer una revisión superficial de lo que creo haber entendido, que tampoco es gran cosa. Eso sí, es indudable que el personaje de un atormentado Harry Butterfly engorda todo el ecosistema por el que ronda la obra. Bien por sus tormentos, sus culpabilidades, sus errores y, sobre todo, sus absolutas idas de olla. En pocos momentos encuentro la lucidez para desmigar cuándo está en su sano juicio o poseído por lo que sea que fuera Azazel.

Insisto, apuesto a que el problema de todo esto sea el presente lector y no el libro, aunque debo indicar que me ha sido difícil entablar con precisión las líneas temporales que el propio Alacrán iba estableciendo por sus vivencias. En ocasiones pensaba que Deanna Grinner era un cuerpo calcinado, otras que se trataba de un espíritu encorsetado y, en las últimas, la veía pululando por una supuesta tienda de sortijas. Ha sido complejo seguir una historia sin un rumbo fijo más allá de "contar cosas". Supongo que es algo que me ocurre de vez en cuando. Los ojos, como sus pies, se me han quedado fríos. No me ha conmovido, que es lo peor que le puede suceder a un lector: quedarse helado.

Mi Twitter: @Ninozurich
*Fotografía tomada de Killedbytrend.

No hay comentarios:

Publicar un comentario