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domingo, 24 de agosto de 2025

Esto no pasa en Pamplona, ¿eh?

Cada vez me voy dando más cuenta de que si quiero ir a Pamplona he de cogerme mi hato y hacer la guerra por mi cuenta. Ir en autobús, en tren o en cualquier transporte que haya hasta la capital navarra. Ante este viejo anhelo los planes alternativos cogen fuerza para pasar un fin de semana. Aunque sea repetir, claro está. Por eso cuando finalmente la propuesta sobre la mesa era ir a Arnedo (La Rioja) para volver a buscar calzado a un precio más económico (que no barato) no crecían demasiado las expectativas en cuanto a la diversión: una tarde de agosto entre zapatos y aires acondicionados. Nada podía salir mal porque la complejidad era mínima. Lo peor, que fue lo que pasó, es que nos fuéramos con las empty hands. Sólo Virginia pudo evitar la catástrofe y salvó la excursión con una adquisición vía Amazon Prime castizo.


El día no iba a pasar al imaginario colectivo, no había que negarlo. Hasta entonces. Sin embargo, mejoró levemente cuando encontramos el túnel de lavado más completo que jamás vieron mis ojos: marca Karcher (ojo). Lo que aparentemente no ofrecía un servicio exclusivo, se alargó hasta los 12 minutos de limpieza incluso de llantas para que cada usuario que requiera de sus servicios quede satisfecho. Testimonios de alguno de los presentes allá daban buena cuenta de sus capacidades. "No te chupa la polla porque no te la sacas", afirmó un vecino de Peralta que se desplazaba de su municipio para lavar el coche y, de paso, hacer la compra en el Mercadona. La dichosa máquina tenía su público. La máquina, en palabras del navarrico. Con este agradable golpe a favor del destino nos animamos para cenar por el pueblo. Tampoco esperábamos mucho más que unos pinchos mal puestos. Expectativas bajas.

De repente, Arnedo se convirtió en una Madrid cualquiera: no había dónde aparcar. Todos los lugares ocupados. Vallas cortando las calles. Y gente a espuertas. Esto qué coño era para un pueblo de 15.000 habitantes. Bea y Laura flipaban, igual que yo, de que el sábado cogiera un cariz tan distinto con el paso de los minutos. En un último intento por ir cerca del Paseo de la Libertad, la calle de los bares del lugar, dimos con la flor. Justo uno de los vehículos abandonaba su plaza y nos dejaba lo más cerca posible de las terrazas. Pues al final no pintaba tan mal la cosa. Seguimos mejorando. Sólo nos quedaba cenar, a ver el precio.

Recorrimos la calle hacia arriba y los ríos de gente no cesaban. Para arriba y para abajo. Hostia, hay más ambiente en Arnedo que en Tudela, se escuchaba entre los allí presentes. Todo lleno hasta la bola. Todo...hasta que pasamos por el restaurante "7 sentidos" y conocimos a Pablo, el dueño del establecimiento que nos habló con todo el cariño y la simpleza que merecíamos. En un santiamén ya teníamos la mesa montada y las cartas sobre ella. Nos miramos entre nosotros al comprobar que los precios parecían congelados desde hace una década, por lo menos. Acostumbrados a las sogas de Navarra y Madrid, La Rioja parecía un oasis en el desierto de la opulencia. Comida rica y rápida. Sólo hubo un detalle que perturbó mi tranquilidad: Laura acertó exactamente el total de la cuenta y vio conveniente restregar sus cualidades conmigo. Suele pasar porque encima es costumbre que tenga éxito en estas tareas.

A estas alturas de la noche ya estábamos más que satisfechos con nuestro rodeo por Arnedo del que no esperábamos mucho. Con todo, lo mejor se reservó para el final: la verbena de barrio con la que nos topamos y que jamás olvidaremos. Tras pedirnos unas cervecillas y asomarnos al balcón presidencial de la plazuela, observamos un despliegue sin precedentes en el mundo de las fiestas populares. Que la media de edad rozara los 65 años no nos llamó la atención, pues suele ocurrir, sino que fueron las caderas de los lugareños lo que nos dejó con el culo torcido. Todos los allí presentes, con independencia de la canción que sonara, se movían al unísono. Misma coreografía, mismo trabajo previo a la gran verbena, mismo resultado de cara al público: una absoluta pasada. Debimos grabarlo porque aquello era digno de estudio y convirtiera esta escapada a Arnedo en un tremendo éxito. Así me lo transmitió Laura: esto no pasa en Pamplona, ¿eh?

Mi Twitter: @Ninozurich
*Fotografía propia.

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