Ya empecé tarde a ver Prison Break, cuando había avanzado algún que otro curso de Periodismo en la Universidad de Málaga. Para entonces el picorcito de las series estaba a punto de explotar, aunque las plataformas todavía no se habían agenciado el mando a distancia. Las series que veíamos durante esa época, en su mayoría, eran a través de webs piratas que nos proporcionaban su contenido en tiempo récord gracias a solidarios "subtituladores" que saciaban la sed de curiosidad, semana a semana. A la vieja usanza, como "a veces" me gusta.
Insisto, yo iba tarde, ya que laSexta se había adelantado a uno de los booms del momento. Su creación data del 2005 y probablemente yo me animé a verla a partir de 2011, con cierto escepticismo porque lo mainstream se impusiera a la calidad. He hablado en este blog de otros ejemplos, algunos con más suerte que otros, que me arrastraron a invalidar varias series "porque todo el mundo las veía". Ahora, hay tanto donde elegir que la masa mayoritaria siquiera se acerca a los masivos números anteriores. En otra época comentábamos poco a poco, sin embargo ahora engullimos productos y olvidamos tramas rápidamente.
Vi sus dos primeras temporadas y la esencia original que la hizo alcanzar tremenda fama. No recuerdo por qué en la tercera entrega, tras sólo un capítulo, se desvaneció la curiosidad de uno de los metrajes sobre presos más exitosos. Quizá por repetitiva, quizá sepultada por días de exámenes. Ahí quedó e incluso con el paso de los años, acompañado por esa inapetencia, recibí spoilers sobre la trama que me siguieron invitando a enterrarla en el olvido. Ni siquiera sabía que una quinta temporada —estrenada en 2017 tras un luto de ocho años— dejaba ese spoiler en agua de borrajas. Pero bueno, la ignorancia en estos aspectos no importa demasiado.
Siempre tuve esa espinita en mente, de si algún momento terminaría una de las pocas series que había dejado a medias, y jamás era un buen momento. En el caso de que se reactivara el asunto, iba tarde, tarde. Como que 20 años, concretamente. En 2025 me dio por ahí, como si cumpliera una promesa a mi yo anterior, como si la nostalgia nos diera una nueva oportunidad, como si eso asegurara un producto de alta calidad, a lo añejo. No siempre se cumple, a decir verdad, y la satisfacción viene dada por cerrar un círculo más que por un producto fino.
Pero no decepción, bajas expectativas. Prison Break siempre será Prison Break, un laberinto de situaciones extremas en un mismo capítulo y una solución a la solución de la contrasolución entre unos y otros en los que Scofield siempre es el más inteligente de los presentes. Jamás se le escapa un detalle y, a pesar de que la previsibilidad juega en contra de la trama, uno perdona ciertos vicios porque contadas series tienen licencia para hacer lo que deseen: y Prison Break es una de aquellas que abrió camino al resto. Mi break fue demasiado break. Mereció la pena.
Mi Twitter: @Ninozurich
*Fotografía tomada de El Mundo.

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