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domingo, 5 de octubre de 2025

Miedo con gusto no pica

Creo que es consabido y si no, lo digo ya, que todo lo que sean películas de miedo hacen que me haga caquita en los pantalones. De hecho, alguna vez estoy en la cocina preparando algo y entra Laura sin la más mínima intención de molestarme y soy yo mismo el que se pega un respingón en el sitio. Ese es el nivel. Es muy raro que acepte ponerme delante de algo que dé un mínimo de tensión, volumen bajo y grito en camino. No es lo mío, no lo intentéis. Sin embargo, tenía apuntada una de esas series que al parecer podía compensar a los más miedosos con calidad en pantalla. Esto es, que apretar el culo sea sólo un daño colateral que merezca la pena. La maldición de Hill House llegó a mi televisión, como muchas veces digo, con retraso: hace ya más de un lustro que se estrenó. En la vorágine actual de las plataformas de streamings, eso es tela de tiempo. Escarbando un poco, se encuentra. Menos mal.


Si alguien hubiera observado cómo estaba viendo al primer capítulo del asunto, más allá de la medianoche, solo, en silencio y agarrando el aire en posición de defensa de lo que pasaba en la pantalla. O lo que podría pasar. Porque Flanagan, el director de todo lo que ocurre durante sus diez capítulos, es un maestro del sí pero no y del sí pero sí. Es un estratega de las transiciones y un virtuoso del filo de la navaja. Y lo hace tanto con unos encuadres fijos inquietantes como con un capítulo de una hora cortado en unos pocos planos secuencia en el que uno debe tener mil ojos en modo preventivo. Nunca se sabe por dónde explotará la cosa, si es que lo hace. Esta incertidumbre es un actor más de reparto en un elenco que encaja a la perfección con una trama interesante con el punto óptimo de retorcimiento. La cantidad justa sin ser excesivo ni previsible. Tan difícil en una época sobresaturada: tener personalidad.

En el argumento hay una casa y fantasmas (ocultos y visibles), además de una familia, y hasta aquí diré. Porque esta es de las series que gusta recomendar: corta y al pie. Una temporada. De las que entusiasma por descubrir novedad. De las que quieres que al resto también les guste sin disparar las expectativas. Y sigo insistiendo en que el factor miedo/susto/canguelo es determinante para impulsar el interés en ella. Sin ciertos detalles no sería lo mismo, aunque insisto en que son superables: a medida que uno avanza va acostumbrándose, en el buen sentido de la expresión, a lo inesperado.

Si no me sé expresar o no logras entender lo que quiero mostrar, lo mejor es que te enchufes Netflix y me empieces a dar la razón. Te esperaré.

Mi Twitter: @Ninozurich
*Fotografía tomada de Netflix.

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