En mi primera tentativa por adentrarme en ella duré unos dos capítulos, si mal no recuerdo, pues la subtitulación trae consigue aspectos positivos, como percibir desde el principio la autenticidad de la historia, como negativos, pues no conviene sumergirse en ellos cuando el sueño está a punto de aparecer. Me secuestraron vigorosamente unas cuantas cabezadas sin que pudiera reprimirme a ellas, por lo que lo normal fue que dejara el asunto a medias porque entendía que la verborrea del británico no era para nada atractiva o, simplemente, no era el momento adecuado para un fan de la Fórmula 1 como yo. Me pareció un discurso aburrido sin mucho más que ofrecer de lo ya conocido: manejaba los hilos del deporte.
Sin embargo, a raíz de que Laura me regalara un determinado libro —que no desvelaré porque escribiré sobre él más adelante—, se me reactivaron las neuronas del cerebro que hacían referencia a los aspectos técnicos del desarrollo de un automóvil. A su vez, se trata de un axioma indivisible de la progresión de los fórmulas con el paso de las décadas hacia un punto de reunión masivo, que es lo que conocemos hoy en día. Cuando se habla de los automóviles de hace de unos 40 años para arriba todo es más frágil y menos profesional. Ese es el camino que se relata en Lucky!, una perspectiva muy digna de la carpa con la que se empezó a dibujar "El Gran Circo".
Mi segundo asalto al reportaje de Dazn fue más satisfactorio. Parece que entendí mejor la envoltura y quedé con ganas de más, un viaje por las distintas etapas —tristes y salpicadas por varias muertes— hasta la consecución de su valor por miles de millones de libras, dólares o euros, lo que sea, dinero al fin y al cabo. En ello no hay que obviar la determinación de Bernie Ecclestone como principal figura, les guste a muchos o a pocos. Lo que sí he de advertir es que los que han conocido este negocio a raíz de Drive to survive de Netflix pueden abstenerse del contenido, pues las fábulas e historietas no forman parte del storytelling del asunto. Al menos no con tanto artificio.
También hubo cabezadas, claro está, pues no deja de ser una maraña de información de la que no podemos contrastar toda la verdad. Por supuesto, el propio protagonista no admite ninguno de las cuestionables acciones de las que se le acusan o, más bien, sabe esconder cualquier pista para no caer en el descuido. Él mismo se muestra como una persona inteligente, capaz de alcanzar ese paso antes que el resto. Un genio en el trato y en los negocios. De la misma forma que un aerodinamicista halla la zona gris en su rama, Ecclestone se erigió como el más indicado en la suya. No tan lucky.
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*Fotografía tomada de YouTube.
*Fotografía tomada de YouTube.

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