Lo cierto es que esperaba todavía más clases técnicas sobre la revolución que supusieron sus diseños en el indómito escenario de la Fórmula 1 y las hay. Por momentos leí parrafadas sin lograr imaginarme por dónde debía pasar el tubo de escape para que encajara en el chasis y a la vez no rompiera el flujo de aire limpio que pasaba a través de la horquilla fruto del aplastamiento del neumático. O algo así. Ni papa de lo que decía. Ni siquiera cuando en la siguiente página se podía observar un boceto pulcramente expuesto. Al menos lo parecía. Supongo que son cosas que sólo a los ingenieros les apasionan y pueden traducir. Yo me conformaba con leerlo y unir conceptos que he aprendido a lo largo de los años que he estado viendo (a veces entendiendo) este bendito deporte de espionaje y estrategias varias. Aun así, Newey, junto con el plumilla que le guio en el proceso, logran extraer un jugo que sacia tanto a los expertos como a los aficionados. Es un gran detalle para los que quieran rascar no sólo en la figura del propio protagonista, sino de los que inherentemente han construido el legado de estos monoplazas a lo largo de las décadas.
Resultó que la casualidad hizo una parada cómica en mi vida. Justo en el capítulo en el que Newey desembarca en su primera experiencia en la Fórmula 1 (no tenía ni idea de que sus inicios también pasaron por la IndyCar), recordé la serie de Bernie Ecclestone que abandoné unos años atrás por densa o porque, simplemente, no la veía en un horario adecuado, es decir, caía redondo en el sofá. Aquello me dio contexto suficiente, que nunca viene mal, para más adelante seguir devorando páginas y estar predispuesto a los grandes cambios que se introducirían a través de la mente de Adrian, quien cuenta que recuerda dónde brotaron muchas de las ideas que después marcaron una referencia en las carreras. De vacaciones, en un avión, mirando por la ventana...son tantas las situaciones cotidianas que uno debe pensar que está al alcance del vecino. Pero no. No salen a la primera. Los testimonios de Newey estiman que son el 25% de sus ocurrencias las que verdaderamente pueden considerarse provechosas. Esto nos da un amplio montón de papeles inservibles por unas cosas o por otras. Además, una de las perspectivas que me cambió a medida que leía era que a menudo tenemos el pensamiento del colega como un Dios y él se afana en demostrar que fue gracias a la ayuda de varios compañeros los que hicieron posible que todo funcionara. El éxito como equipo, aunque fuera responsable principal de orientar las directrices.
Otra faceta inexplorada para el público común es la tendencia a la celebración excesiva y alcoholizada de muchas de sus aventuras. Es posible que el campo semántico de la palabra "resaca" esté más presente que muchas piezas de un coche durante sus memorias. Me alegra comprobar que no es un ermitaño perenne en su vida personal, lo que da esperanza al resto de mortales de poder conseguir sus objetivos sin remordimientos al tomarse unas copas de más cualquier fin de semana. Es una de las lecturas más importantes que saco de haberlo leído. Por necesidad, más que nada.
Otra es que lo recomendaría a todo aficionado a la Fórmula 1 porque equilibra varios aspectos de una vida ligada a un deporte de milímetros. Es capaz de compensar cada espacio: personal, laboral e incluso marital. Con humor y cotidianeidad, tanto que explica situaciones que podrían pasarle a toda persona si nos esforzamos en excluir a algunos de sus protagonistas como Paul Newman, la reina Isabel II o Chris Evans. Por lo demás, son cosas mundanas. Las cuenta como tales, eso sí. No obstante, cuando uno empieza los capítulos es consciente de quién dirige el discurso y a dónde. No podemos olvidarlo si queremos conducir un libro tan suave como muchos de sus diseños. Y, cómo no, también ha tenido éxito con esto.
Mi Twitter: @Ninozurich
*Fotografía propia.

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