Este domingo he completado una media maratón que tenía reservada desde noviembre. Así es el mundo actual, sea cual sea tu afición tienes que prepararla con suficiente antelación porque quien no corre, vuela. Por entonces acababa de participar en mi primera "media", la de Jaén, y aquello me dejó bastante tocado desde el punto de vista anímico: vaya sufrimiento. Recuerdo los momentos inmediatamente siguientes a la meta y fueron de desazón, de no llegar al objetivo marcado, y de tremendo cansancio. A pesar de ser noviembre, el sol nos acompañó durante todo el recorrido. Si no me equivoco, hoy completé mi cuarta "distancia media" y las cosas han cambiado desde entonces. Lo primero, hace 11 días que intenté recuperarme.
Vayamos por partes. En mi caso suelo ser una persona que se vuelca con sus aficiones: coleccionismo de camisetas de fútbol sala, la escritura o el running —como se supone que lo tenemos que llamar ahora—, por lo que la emoción me poseyó entre febrero y marzo para pegarme una buena comilona de carreras en Madrid. Aquí las hay casi cada fin de semana (salvo la del puente regional) y eso es una circunstancia de difícil gestión para mi persona. Me puse las botas. Encadené la media de Fuencarral-El Pardo, la de Latina, la 15K MetLife y la Carrera del Agua en un lapso de cinco o seis semanas, aproximadamente. Las dos últimas, además, con manifiestos dolores postcarrera. Fui un loco, se me inflamaron dos tendones: el de Aquiles (ouch) y el tibial posterior (no lo sabía en ese momento, pero: ouch, ouch).
Laura siempre me dice que corro demasiados kilómetros y la verdad es que tiene razón, para qué engañarnos. Uno debe detenerse a escuchar su cuerpo y ese puede ser el mayor obstáculo del deportista: pararse a pensar y detenerse. Reducir la carga. Notar el dolor. Escucharse. No lo hice a tiempo y, por estar apuntado a dichas carreras, quizá uno lo exprime hasta el final. Ya que están pagadas... Con orgullo, pero hasta el final. A lo que voy es que me quedé en el dique seco entre visitas al traumatólogo y resonancias magnéticas eternas. Ni siquiera un seguro de vida privado te garantiza celeridad para dar servicio. Las agendas sólo permitían una por semana, por lo que el diagnóstico se retrasaba, para mayor desesperación de mi mente.
Aun así, tuve más calma que en otras ocasiones: cumplimos los plazos con la ayuda de un fisioterapeuta y, después de un mes sin catar asfalto, hace 11 días volví a dar mi primera carrera sobre césped, con todo lo que ello implica. Cansancio, ahogo y dudas. Se venían 11 días con aparentes molestias y con la incertidumbre de si es un paso (o una zancada) precipitado. Retuve mis instintos y no me excedí del plan marcado con la esperanza de que fuera suficiente. Sólo 11 días. El trauma me dijo que estaba "jodido" y el fisio, que probablemente volvería "al punto de partida". Tras correrla, uno de los dos se equivocó. Mañana veremos si el otro también.
Lo dejo por escrito porque mi intención durante toda la carrera no ha sido otra que ir relajado, sin pretensión de marca, porque no estaban las capacidades físicas para ello. Sin embargo, he pasado de creer hacer una media "fácil" a sufrir con el tremendo calor que se ha puesto encima de la capital, con la rueda girada a la derecha y el sol a tope. No se pareció a la de Jaén, pues la experiencia es un grado en estas situaciones mentales, pero sí fue distinta: controlando el ritmo, sin mirar el reloj y llevándome la sorpresa al final. Mejor de lo esperado, siquiera de lo imaginado hace un par de semanas. Así que aquí lo plasmo porque quiero. Otro tipo de superación personal.
Mi Twitter: @Ninozurich
*Fotografía propia.

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