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domingo, 19 de abril de 2026

Mi ídola

Hace más de ocho años que veo el mundo de una manera diferente, menos artificial, menos egocéntric0 y más empático. He crecido para aprender que la madurez es mucho más que pagar facturas de luz, reparaciones de coches y cuotas de Netflix. Tampoco una hipoteca te hace ser un mejor ser humano ni te enseña que lo más importante es que tu ecosistema personal sea estable. Hace más de ocho años que no he conseguido por mí solo caminar por esta vida de espinas con cierta soltura. He necesitado la ayuda de quien me ha mostrado un glosario de inteligencias emocionales para saltarme el potro de yo por encima de todas las cosas y poner en valor el cartel de que la felicidad de ella es mi felicidad. Me ha permitido conocer a otro Antonio oculto, enterrado, capaz de preguntar más, interesarse más y conocer más. Ser (más) persona y no una más.

Es complejo detenerse y hablar con uno mismo. Dejar el teléfono móvil a un lado y sentarse frente al espejo del alma. Preguntarse y atormentarse. Leerse y contestarse. Casi no había explorado esa faceta de mi vida. Tener una referencia a tu lado conviene porque nos señala deficiencias y potencia valores. No es corregir, es crecer. Mi ídola no sólo es capaz de ampliar mi perspectiva sobre los valores sociales o los derechos humanos, sino de hallar la manera de quererme más a mí mismo y, por ende, a ella.

Mi ídola es capaz de tener en el zurrón tres carreras universitarias y dos másteres en el bolsillo, defender este bagaje con calificaciones brillantes mientras comparte su día a día con un trabajo, unas prácticas y unas clases que parecen escopetas de ponencias interminables. Mi ídola es capaz de dar una lloradita porque se lo merece y volver a ponerse manos a la obra con todo lo que se le viene encima. Volver a sacar unas notas brillantes y buscar el siguiente objetivo para agobiarse. Así son las mentes de las genias, con ganas de más, con pensamientos de menos. Mi ídola puede terminar todo lo que se propone sin que las demás personas sepan el esfuerzo que supone vivir con una realidad tan ajetreada, a veces incapacitante, no apta para la mayoría de los seres humanos.

Otra lloradita más y a seguir.

No se trata de un "a seguir" común. No es el mismo escalón que pueden subir las personas comunes. No es un simple paso. Una de las antoñanzas que me ha dedicado mi ídola es la de evitar el prejuicio. El de ella y el de otros, sólo así puede uno acercarse al respeto que todos merecemos. El grano de arena no es del mismo tamaño para todos. Sé las montañas que mi ídola ha tenido que subir y os aseguro que muchos quedarían enterrados al primer tropezón. Mí ídola es también mi ejemplo. Ni siquiera puedo imaginarme cómo podría afrontar que la vida tenga preparados tal cantidad de desazones que no dé tiempo a administrarlos, que aparezcan de golpe sin capacidad de reacción: que sean tragarlos sin digerirlos. Mí ídola es la persona más fuerte que conozco.

Ojalá ser algún día como mi ídola, la valentía de ponerse al volante de un camino con muchas luces y también con unas sombras que asustarían a la inmensa mayoría. Tarde o temprano, siempre encuentra la cerilla para salir de un lugar oscuro, se fortalece a sí misma y coge la capa (o una de las tres becas que tiene) para demostrarme que todo es posible. Mi ídola no sólo me sorprende, sino que a la vez me sana.

Mi Twitter: @Ninozurich
*Fotografía propia.

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